Estos
últimos días he estado lejos de mi ciudad y de mi portátil; razón
de que no haya escrito hasta ahora sobre el reciente fallecimiento de
Eli Wallach. Fue una de esas
celebridades que parecían que nos iban a acompañar eternamente, que
iban a estar siempre aquí (como diremos en un futuro -esperemos que
lejano- de Stan Lee, de su tocayo Christopher o de Kirk Douglas). No
es para menos, ya que el actor tenía nada menos que noventa y ocho
años: una edad muy respetable... y muy envidiable.
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| El Señor Wallach. |
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El Bueno, El Feo & El Malo
(1968) a la hora de hablar de él es un tópico en sí mismo y le hace un
flaco favor a su interesante y larga trayectoria, donde demostró una
gran fotogenia acompañada de una capacidad actoral camaleónica y fuera de toda duda.
Sin embargo no sólo es su film más destacado si no, también, uno
de los más ligados a mi experiencia personal: me fue regalada por un
grupete de colegas, hace como mil vidas ya. Digo “colegas” pero
no “míos” porque, ciertamente y a excepción de uno, no lo
eran: es una anécdota que no me atrevo a contar en estas líneas,
pero que empezó con un rápido flechazo gracias a mi buen gusto en
camisetas y terminó con un cumpleaños conjunto bastante
decepcionante (por lo que a mí respecta) pero en el que, al menos,
me llevé este regalazo tan espléndido.
La
mencionada excepción en aquella pandilla era y es un grandísimo
amigo, socio de negocios y tertuliano: fue quien escogió la
película, demostrando con ello un gusto tan espléndido como el que
él me atribuía a mí con esa misma elección. Desgraciadamente, muy
desgraciadamente, estaba equivocado: en aquella época y con aquella
edad las pelis del oeste no me atraían para nada, más bien todo lo
contrario; ni siquiera los spaghetti-western
como
aquel. Lo prueba el fingimiento y la incomodidad con la que recibí
el presente, así como el más de medio año que tardé en hacer uso
del mismo. Eso me recuerda como, recientemente en términos
relativos, estaba hablando de la cinematografía de Sergio
Leone
con una antigua compañera de clase y descubrí en ella la misma
reticencia contra el género que me caracterizó a mí en el pasado:
fue un poco como viajar atrás en el tiempo para reencontrarme con
mi yo del pasado. En su caso, su opinión estaba más fundamentada y
basada en la experiencia que la mía de entonces, respondiendo además
a una visión más madura, más adulta; sin embargo, sigue
pareciéndome igual de prejuzgada e igual de basada en una
generalización injusta y ciega. Debí haberle explicado a grandes
rasgos algunas de las premisas que manejó el cineasta romano y
pedirle que las aplicara a otros marcos narrativos donde puedan
aflorar aventureros nómadas, solitarios y algo despiadados, como los
entresijos mafiosos del género negro o esos mundos de espada y
brujería que a ella tanto le gustan. En el caso que nos ocupa: tres
tipos extremadamente peligrosos, con una historia común y que se
odian a muerte; cada uno de ellos en posesión de un fragmento de
información inútil por sí mismo pero que, en conjunción con los
demás, podría llevar a un formidable tesoro escondido... Podría
haber funcionado perfectamente en los escenarios de Dragones
& Mazmorras (Dragonlance,
Reinos Olvidados...),
en la Era Hiboria
de
Conan el Bárbaro o similares. No obstante, la ambientación en esta
Norteamérica salvaje resulta la más apropiada: tan sucia, desértica
y polvorienta (y tan relativamente barata de representar) ilustra por sí sola la ruindad y la hostilidad de este
mundo cruel, así como la madera de quienes lo recorren. Una
Norteamérica simulada ya que, dicho sea de paso, se rodó en Almería.
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| Cartel de la película. |
Volviendo
a mi anecdotario y dejando de lado a mi sorpresiva alter ego
femenina: cuando por fin me decidí a verla me encontré con que eran
las dos o las tres de la madrugada y estaba tumbado en la cama con
un auténtico bellezón... Hablo, por supuesto, de mi reproductor de
DVD portátil, al que quiero más que a algunas personas que conozco.
En aquel entonces el comienzo me resultó algo pesado, pero no tardé en
engancharme a la historia en cuanto empecé a conocer a sus personajes. Lamentablemente, es muy difícil ver un film tan largo a
esas horas y, mucho menos, estando tumbado: a mitad del metraje tuve
que empezar a luchar contra el sueño y, al final, acabó ganando la
biología. Sin embargo, lo primero que hice al despertarme fue
continuar donde la terminé.
Lo
chulesco de los protagonistas, con sus frases lapidarias, así como
el gran manejo de la tensión, la magistral elección de planos y la
composición de los mismos, la pátina de épica que aporta (o realza) la
inolvidable banda sonora de Ennio
Morricone...:
todo brilla en esta obra maestra, cargada de momentos y diálogos
inolvidables. Prefiero no revelar nada más sobre la trama, aunque
esta sea bastante conocida incluso por quienes no la han visto, tal vez
gracias en parte a parodias, homenajes y guiños. Sólo quisiera
señalar su elegante pero contundente alegato anti-belicista,
aprovechando que se ambienta en la Guerra
Civil
estadounidense. El horror del conflicto armado es capaz de asquear
incluso a criminales consumados como nuestros antihéroes: sólo
Setencia,
el 'Malo', se aprovecha y vive a su costa.
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| El 'Malo', haciendo honor a su rol. |
Según
el título, Clint
Eastwood
encarna al 'Bueno', que solamente lo es de nombre porque realmente
muy benigno no es, precisamente. Lo cierto es que no hace
más que repetir ese Hombre
Sin Nombre al
que ya diera vida en las dos anteriores de Leone; no en vano, junto
con ésta, se las considera la Trilogía del
Dólar,
aunque se puedan ver de manera independiente. (A propósito: Eastwood
ha resultado ser, como todo el mundo sabe a estas alturas, todavía
mejor director que actor; y en su cine, a veces, se nota la
influencia del romano.) En cambio, el rol de Lee
Van Cleef no
podía ser más distinto al que desempeñara en el anterior capítulo
del tríptico... Pero, a pesar de ello, y como no podía ser menos, con sus
gestos, maneras y miradas la clava como Sentencia:
incluso cuando los otros dos son pistoleros hábiles, bandidos
implacables y capaces de acciones muy reprobables, éste les supera
con creces en impiedad y resulta tanto aterrador como funesto en la
comparación.
Eastwood
y Van Cleef están inmensos; especialmente el último, que parece
haber nacido para el papel. Pero quien realmente sobresale no podía
ser otro que el 'Feo': tremendamente cómico, incluso ocasionalmente
patético, sin perder por ello la dignidad ni menoscabando su
evidente peligrosidad; despreciable, mentiroso y guarro, pero de
algún modo también entrañable y rebosante de carisma. Incluso
cierto matiz trágico: esa escena que comparte con su hermano,
dándole más relieve, más humanidad. Dicen que Leone quedó
engatusado con él durante el rodaje, dándole más cancha y convirtiéndolo en el
auténtico protagonista cuando, originalmente, iba a ser un
secundario al lado del estelar Clint. Después de ver las entregas
previas de la pseudo-trilogía, uno se da cuenta de que,
precisamente, eran Wallach y su Tuco
lo que faltaba, lo que se echa de menos, en las otras (especialmente
en La Muerte tenía un Precio (1966),
que sin dejar de ser bastante buena es la más endeble del conjunto).
He oído por ahí que Gian
Maria Volonte, tras
aparecen en las otras dos, iba a repetir en ésta dando vida a Tuco pero que, por un motivo u otro, no pudo ser. Cosa del destino, supongo:
hoy en día, es inimaginable que las cosas hubieran acabo saliendo de
otra manera.
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| Don Altobello y Connie Corleone: tanta maldad en una sola estancia... |
Algún
tiempo después de aquella sesión en dos partes, volví a revisar El
Padrino: Parte III (1991);
cinta que, sin ser tan magnífica como sus predecesoras, sigue
estando por encima de la media por más que la crítica se empeñe en
atentar contra ella. Y me sorprendí enormemente y de manera grata
cuando descubrí en ella al intérprete que nos atañe hoy: siempre
había estado delante de mí y yo no me había dado cuenta, con ese
abuelete hampón tan dulce, tan adorable, tan mortífero y bastardo.
Los
gustos son siempre subjetivos, pero El
Bueno, El Feo & El Malo se
merece en todos los casos, como mínimo, una oportunidad. No queda más que decir, salvo que aquí yace
Tuco Benedicto Pacífico Juan María Ramírez: ladrón, asesino,
tramposo, polígamo, blasfemo, pistolero, mal hermano, peor hijo,
enemigo de sus enemigos, héroe ocasional a su pesar e inmejorable
personaje de ficción. Vivirás eternamente en nuestros corazones y
en nuestras filmotecas.